
Aquí esta el ensayo del libro ¿Qué es la Justicia? del autor: Hans Kelsen.
La justicia es posible pero no necesaria en un orden social. Es solo una virtud del hombre, pues solo este la puede realizar mediante su conducta. También se considera que si se aplica adecuadamente, la justicia va de la mano con la felicidad. Pero si se piensa que algo justo garantiza felicidad a todos, es algo erróneo. Esto se refiere a que la felicidad de una persona afecta a otra. Un ejemplo de esto es: “el amor”, porque es la más importante fuente de felicidad y desgracia.
Supongamos que dos mujeres aman a un mismo hombre, con o sin razón creen no poder ser felices sin él. Pero de acuerdo con la ley y tal vez de acuerdo con sus propios sentimientos, ese hombre no puede pertenecer más que alguna de las dos, la felicidad de una provoca irremediablemente la desgracia de otra. Ningún orden social puede solucionar este problema de manera justa, es decir, hacer que ambas mujeres sean felices. Pero este es solo un caso también existe este problema en la naturaleza, pues tampoco es justa ya que unas personas nacen sanas y otras enfermas.
Por otro lado existe la idea “libertad”, que a menudo es identificada con la idea de justicia, así un orden social es justo cuando garantiza la libertad individual. Esta debe significar gobierno de la mayoría y en caso necesario contra la minoría de los súbditos. Así la justicia aparece como un principio que garantiza la libertad individual de todos en un orden social que protege determinados intereses, precisamente a los que la mayoría son sometidos, Reconociéndolos dignos de protección.
Así pues cuando surgen conflictos de intereses necesariamente debe aparecer la justicia y contrariamente si no existen conflictos no hay necesidad de justicia.
El problema de los valores es ante todo un problema de conflicto de estos. Este problema no puede ser resuelto por medio del conocimiento racional. Esto significa que es válido únicamente para el sujeto que formula el juicio y este sentido es relativo. Esto se puede explicar mediante el siguiente ejemplo: a un esclavo o prisionero de un campo de concentración se le plantea el problema de saber si el suicidio es moral o no. Este es un problema muy importante en la ética de los antiguos. La solución depende de la decisión que determina cual de los dos valores “vida o libertad” es superior. Si la vida es el valor más alto, el suicidio es injusto, si lo es la libertad y si una vida sin libertad no tiene valor alguno, el suicidio no es tan solo permitido si no exigido. En este caso solo hay una solución subjetiva, que solo tiene valor para el sujeto y que el va a juzgar a su criterio.
Otro valor necesario es la verdad, por ejemplo: los ciudadanos sometidos a esta deben creer que el justo es feliz aun cuando esto no sea verdadero, de lo contrario nadie quería obedecerla. Aunque esto sea mentira, es considerado por el gobierno: “como una mentira necesaria”, pues sirve para el acato de la ley.
Todo sistema de valores y especialmente un orden moral, con su idea central de justicia, es un fenómeno social y por lo tanto diferente según la naturaleza de la sociedad en la que aparece. El que varios individuos coincidan en su juicio de valor, no prueba en ningún caso que este juicio sea verdadero, es decir, no tiene validez en el sentido objetivo.
Un ejemplo: El hecho de que muchos creían que el sol giraba alrededor de la tierra, no prueba en lo absoluto que esto fuera verdad. Esto se refiere a que no hay necesidad de responsabilidad colectiva, ya sea en ámbito religioso o social.
Un rasgo característico del hombre es el sentir una profunda necesidad de justificación de su conducta, (Esto significa tener conciencia). Esta característica de nacionalización del hombre es lo que lo distingue del animal. Aunque su conducta si coincide por ejemplo: El más grande se come al chico, literalmente ocurre esto en los dos reinos, el animal y el del hombre. Aquí es donde entra la justificación del hombre, pues se justifica con los demás para hacer creer que su conducta con el prójimo no fue con intención de hacerle daño. Cuando se justifica algo, especialmente una conducta humana como medio para un determinado fin, surge inevitablemente el problema de saber si este fin es también justificable. Cuando se justifica una conducta humana como medio apropiado para el logro de un fin propuesto cualquiera, esta justificación es solo condicional, depende de que el fin propuesto sea justificado o no.
Otros fines exigen otros medios. La democracia, como forma de gobierno, puede justificarse relativamente pero no absolutamente. Por lo tanto nuestra conciencia no queda tranquila cuando justificamos nuestra conducta solo como medio adecuado para un fin cuya justificación es dudosa y exige que justifiquemos nuestra conducta como último fin o, lo que es lo mismo, que nuestra conducta concuerde con un valor absoluto. Pero la necesidad de una justificación absoluta parece ser más fuerte que toda consideración racional. Por eso el hombre busca esta justificación, es decir: La justicia absoluta, la religión y metafísica. Aunque esto significa que la justicia sea desplazada a un mundo trascendente. Por esto, no es extraño que las numerosas teorías sobre la justicia que se han formulado desde los tiempos antiguos hasta hoy, puedan ser reducidas a dos tipos fundamentales:
1.- Metafísico – Religiosas.
2.- Racionalista o Pseudo – Racionalista.
La justicia es el problema central de toda la filosofía. Las ideas son entidades transcendentes que existen en otro mundo, representan esencialmente valores. Estos deben ser realizados en el mundo de los sentidos aunque, nunca pueden serlo completamente. En estas ideas entra la de religión, que encierra en sí misma la justicia, esa justicia que lleva a la misma pregunta de si misma. A la conclusión que llega esta doctrina es que no hay una respuesta a la pregunta. Dice que la justicia es un secreto que dios confía a muy pocos elegidos y que no deja de ser tal, pues no puede ser transmitido a los demás.
Esto se refiere a que Jesús proclama la nueva y verdadera justicia, el principio del amor: el mal no debe pagarse con el mal si no con el bien y se debe amar y perdonar al enemigo. Esta justicia esta mas allá de toda la realidad social de un orden posible y el amor que constituye esta justicia, no puede ser el sentimiento humano que llamamos amor. Esto es porque no es la naturaleza humana el poder amar al enemigo. Este amor que predica Jesús busca que los hombres sean casi tan perfectos como él. Así que la justicia es confiada por dios a los fieles y que la fe es actuada por el amor.
La justicia ha sido conceptualizada como: Dar a cada quien lo suyo. Esta definición ha sido aceptada por grandes pensadores y filósofos del derecho. La pregunta es ¿qué es lo que realmente uno considera como lo suyo? Queda sin respuesta porque en caso la palabra “suyo” es diferente. Lo mismo puede decirse de aquel principio que se relaciona con la justicia, bien por bien, mal por mal. Tampoco tiene sentido ya que se tendría que poner en evidente la respuesta a que es “bueno” o “malo” y eso tiene diferente significado según los pueblos y en las distintas épocas. Este principio de represalia no da respuesta alguna, a este problema. Tampoco se puede aplicar el principio de la igualdad que dice: Que todos los hombres deben ser tratados por igual, ya que sería absurdo juzgar de la misma manera a un loco que a una persona cuerda.
Esto implica que el principio de la igualdad no puede dar respuesta a la pregunta elemental: ¿qué es lo bueno? Este principio es demasiado vacío para poder determinar la estructura esencial de un orden jurídico.
Por otro lado está el principio especial de la llamada igualdad entre la ley. Que significa que los órganos encargadas de la aplicación del derecho no tienen que hacer ninguna diferencia que el derecho a aplicar no establezca. Este principio difícilmente tiene algo que ver con la igualdad, expresa únicamente que el derecho deberá ser aplicado de acuerdo con su propio sentido, en el no importa el que dicho ordenamiento sea justo o injusto.
Así hay mas principios como el de: “cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades”. Así pues, el principio comunista de justicia presupone lo mismo que la ley “a cada uno lo suyo”, aunque nadie pueda predecir como funcionara este orden social en la aplicación del principio comunista de justicia. A su vez este pretende ser considerado como tal. También existe la regla “áurea” que dice: “No hagas a los demás lo que tú no quieres que te hagan”. Esto se refiere a que nadie quiere que le inflijan dolor, si no que lo que uno desea es que los demás le brinden obras o acciones que den satisfacción. Así que esta regla establece un criterio objetivo y es conocido como “regla de oro”.

