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Ensayos de libros: ¿Qué es la justicia?

By | 14 mayo, 2011 | 1 Comentarios

que es la justicia

Aquí esta el ensayo del libro ¿Qué es la Justicia? del autor: Hans Kelsen.

La justicia es posible pero no necesaria en un orden social. Es solo una virtud del hombre, pues solo este la puede realizar mediante su conducta. También se considera que si se aplica adecuadamente, la justicia va de la mano con la felicidad. Pero si se piensa que algo justo garantiza felicidad a todos, es algo erróneo. Esto se refiere a que la felicidad de una persona afecta a otra. Un ejemplo de esto es: “el amor”, porque es la más importante fuente de felicidad y desgracia.

Supongamos que dos mujeres aman a un mismo hombre, con o sin razón creen no poder ser felices sin él. Pero de acuerdo con la ley y tal vez de acuerdo con sus propios sentimientos, ese hombre no puede pertenecer más que alguna de las dos, la felicidad de una provoca irremediablemente la desgracia de otra. Ningún orden social puede solucionar este problema de manera justa, es decir, hacer que ambas mujeres sean felices. Pero este es solo un caso también existe este problema en la naturaleza, pues tampoco es justa ya que unas personas nacen sanas y otras enfermas.

Por otro lado existe la idea “libertad”, que a menudo es identificada con la idea de justicia, así un orden social es justo cuando garantiza la libertad individual. Esta debe significar gobierno de la mayoría y en caso necesario contra la minoría de los súbditos. Así la justicia aparece como un principio que garantiza la libertad individual de todos en un orden social que protege determinados intereses, precisamente  a los que la mayoría son sometidos, Reconociéndolos dignos de protección.

Así pues cuando surgen conflictos de intereses necesariamente debe aparecer la justicia y contrariamente si no existen conflictos no hay necesidad de justicia.

El problema de los valores es ante todo un problema de conflicto de estos. Este problema no puede ser resuelto por medio del conocimiento racional. Esto significa que es válido únicamente para el sujeto que formula el juicio y este sentido es relativo. Esto se puede explicar mediante el siguiente ejemplo: a un esclavo o prisionero de un campo de concentración se le plantea el problema de saber si el suicidio es moral o no. Este es un problema muy importante en la ética de los antiguos. La solución depende de la decisión que determina cual de los dos valores “vida o libertad” es superior. Si la vida es el valor más alto, el suicidio es injusto, si lo es la libertad y si una vida sin libertad no tiene valor alguno, el suicidio no es tan solo permitido si no exigido. En este caso solo hay una solución subjetiva, que solo tiene valor para el sujeto y que el va a juzgar a su criterio.

Otro valor necesario es la verdad, por ejemplo: los ciudadanos sometidos a esta deben creer que el justo es feliz aun cuando esto no sea verdadero, de lo contrario nadie quería obedecerla. Aunque esto sea mentira, es considerado por el gobierno: “como una mentira necesaria”, pues sirve para el acato de la ley.

Todo sistema de valores y especialmente un orden moral, con su idea central de justicia, es un fenómeno social y por lo tanto diferente según la naturaleza de la sociedad en la que aparece. El que varios individuos coincidan en su juicio de valor, no prueba en ningún caso que este juicio sea verdadero, es decir, no tiene validez en el sentido objetivo.

Un ejemplo: El hecho de que muchos creían que el sol giraba alrededor de la tierra, no prueba en lo absoluto que esto fuera verdad. Esto se refiere a que no hay necesidad de responsabilidad colectiva, ya sea en ámbito religioso o social.

Un rasgo característico del hombre es el sentir una profunda necesidad de justificación de su conducta, (Esto significa tener conciencia). Esta característica de nacionalización del hombre es lo que lo distingue del animal. Aunque su conducta si coincide por ejemplo: El más grande se come al chico, literalmente ocurre esto en los dos reinos, el animal y el del hombre. Aquí es donde entra la justificación del hombre, pues se justifica con los demás para hacer creer que su conducta con el prójimo no fue con intención de hacerle daño. Cuando se justifica algo, especialmente una conducta humana como medio para un determinado fin, surge inevitablemente el problema de saber si este fin es también justificable. Cuando se justifica una conducta humana como medio apropiado para el logro de un fin propuesto cualquiera, esta justificación es solo condicional, depende de que el fin propuesto sea justificado o no.

Otros fines exigen otros medios. La democracia, como forma de gobierno, puede justificarse relativamente pero no absolutamente. Por lo tanto nuestra conciencia no queda tranquila cuando justificamos nuestra conducta solo como medio adecuado para un fin cuya justificación es dudosa y exige que justifiquemos nuestra conducta como último fin o, lo que es lo mismo, que nuestra conducta concuerde con un valor absoluto. Pero la necesidad de una justificación absoluta parece ser más fuerte que toda consideración racional. Por eso el hombre busca esta justificación, es decir: La justicia absoluta, la religión y metafísica. Aunque esto significa que la justicia sea desplazada a un mundo trascendente. Por esto, no es extraño que las numerosas teorías sobre la justicia que se han formulado desde los tiempos antiguos hasta hoy, puedan ser reducidas a dos tipos fundamentales:

1.- Metafísico – Religiosas.

2.- Racionalista o Pseudo – Racionalista.

La justicia es el problema central de toda la filosofía. Las ideas son entidades transcendentes que existen en otro mundo, representan esencialmente valores. Estos deben ser realizados en el mundo de los sentidos aunque, nunca pueden serlo completamente. En estas ideas entra la de religión, que encierra en sí misma la justicia, esa justicia que lleva a la misma pregunta de si misma. A la conclusión que llega esta doctrina es que no hay una respuesta a la pregunta. Dice que la justicia es un secreto que dios confía a muy pocos elegidos y que no deja de ser tal, pues no puede ser transmitido a los demás.

Esto se refiere a que Jesús proclama la nueva y verdadera justicia, el principio del amor: el mal no debe pagarse con el mal si no con el bien y se debe amar y perdonar al enemigo. Esta justicia esta mas allá de toda la realidad social de un orden posible y el amor que constituye esta justicia, no puede ser el sentimiento humano que llamamos amor. Esto es porque no es la naturaleza humana el poder amar al enemigo. Este amor que predica Jesús busca que los hombres sean casi tan perfectos como él. Así que la justicia es confiada por dios a los fieles y que la fe es actuada por el amor.

La justicia ha sido conceptualizada como: Dar a cada quien lo suyo. Esta definición ha sido aceptada por grandes pensadores y filósofos del derecho. La pregunta es ¿qué es lo que realmente uno considera como lo suyo? Queda sin respuesta porque en caso la palabra “suyo” es diferente. Lo mismo puede decirse de aquel principio que se relaciona con la justicia, bien por bien, mal por mal. Tampoco tiene sentido ya que se tendría que poner en evidente la respuesta a que es “bueno” o “malo” y eso tiene diferente significado según los pueblos y en las distintas épocas. Este principio de represalia no da respuesta alguna, a este problema. Tampoco se puede aplicar el principio de la igualdad que dice: Que todos los hombres deben ser tratados por igual, ya que sería absurdo juzgar de la misma manera a un loco que a una persona cuerda.

Esto implica que el principio de la igualdad no puede dar respuesta a la pregunta elemental: ¿qué es lo bueno? Este principio es demasiado vacío para poder determinar la estructura esencial de un orden jurídico.

Por otro lado está el principio especial de la llamada igualdad entre la ley. Que significa que los órganos encargadas de la aplicación del derecho no tienen que hacer ninguna diferencia que el derecho a aplicar no establezca. Este principio difícilmente tiene algo que ver con la igualdad, expresa únicamente que el derecho deberá ser aplicado de acuerdo con su propio sentido, en el no importa el que dicho ordenamiento sea justo o injusto.

Así hay mas principios como el de: “cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades”. Así pues, el principio comunista de justicia presupone lo mismo que la ley “a cada uno lo suyo”, aunque nadie pueda predecir como funcionara este orden social en la aplicación del principio comunista de justicia. A su vez este pretende ser considerado como tal. También existe la regla “áurea” que dice: “No hagas a los demás lo que tú no quieres que te hagan”. Esto se refiere a que nadie quiere que le inflijan dolor, si no que lo que uno desea es que los demás le brinden obras o acciones que den satisfacción. Así que esta regla establece un criterio objetivo y es conocido como “regla de oro”.

Ensayos de libros: El principe

By | 4 mayo, 2011 | 3 Comentarios

el principe

Aquí está el ensayo del libro “El príncipe” del autor Nicolás Maquiavelo.

EL PRINCIPE

Los principados son hereditarios, cuando una misma familia ha reinado en ellos largo tiempo, los principados nuevos son como miembros agregados al estado. Ya que estos se adquieren con el esfuerzo propio o el ajeno, por suerte o por cualidades. Es más fácil conservar un estado heredado, ya que está acostumbrado a una forma de gobierno que uno nuevo, ya que con solo no alterar la forma de gobernar de los príncipes anteriores, y ser tolerante con los diferentes cambios que se lleven a cabo. Si el príncipe emplea su inteligencia se mantendrá siempre, a menos que por algún problema que se le presente salga del o sea echado de este mismo, solo esperaría para reconquistarlo, a que el que se encontrara a cargo, no supiera manejar el estado, (gobierno).

Los principados mixtos, nacen en primer lugar de una normal dificultad que se encuentra en todos los principados nuevos. Esta dificultad que estriba en que los hombres cambian con gusto de príncipe, basándose en su anhelo de mejorar, y de esta manera revelarse contra él; y cuál es su sorpresa, que luego la experiencia les muestra que fracasaron en su búsqueda de alguien mejor. Esto trae como consecuencia que el príncipe se vea obligado a ofender a sus seguidores. De este modo se tiene por enemigos a todos los que ha ofendido al ocupar el principiado. Pues bien es cierto que los territorios rebelados se pierden con más dificultad cuando se conquistan por segunda vez. Y quien los adquiere, si desea mantenerse en ellos debe tener dos cuidados: primero, que la descendencia del príncipe anterior desaparezca; después, que ni sus leyes ni sus tributos sean alterados. Pero cuando se adquieren estados en una provincia con idioma, costumbres y organización diferentes, surgen entonces las dificultades y se debe tener la suerte, además de habilidad para que se puedan conservar, y la mejor forma seria que la persona que los tuviera fuera a vivir con ellos. El autor dice que es más fácil tener colonias aliadas, en un país extranjero para que sirvan de espías de lo que hay  sucede. Nos dice también que el príncipe debe estar bien con sus vecinos.

Cuando una ciudad en donde se regían libremente por sus propias leyes es conquistada, se debe aniquilar totalmente o acabar con esas libertades para crear un nuevo gobierno y obligar a los gobernados a obedecer, ya que de lo contrario estos como están organizados y libres se pueden sublevar fácilmente y derrocar al nuevo gobierno. Por lo regular los hombres siguen casi siempre el ejemplo de otros, empeñándose en imitar sus acciones. Y aunque es posible seguir el camino de estos, todo hombre debe procurar entrar en el camino de los que han dejado huella en la historia ósea, los grandes. Aunque a su vez no todos han sido príncipes por el azar, sino también por sus cualidades.

El príncipe nuevo que considere que necesita defenderse de enemigos, conquistar hombres para tener amistades, vencer por diferentes medios (fuerza y fraude), hacerse amar o que sus habitantes le teman, tener el respeto y obediencia de los soldados, eliminar a los que no le ayuden sino lo contrario, remplazar con nuevas leyes lo ya existente, ser duro y amable, liberal, destruir las milicias infieles, crear nuevas, conservar las amistades que le sirvan de buen grado de reyes y príncipes. Pues los hombres ofenden por miedo o por odio. Pues una persona se engaña si cree que entre personas distinguidas, los beneficios nuevos hacen olvidar las anteriores ofensas.

Un ciudadano, no por malos actos ni violencia, sino por el apoyo de sus compatriotas, se convierte en príncipe. El estado constituido de esa manera se puede llamar principado civil. Alcanzarlo no depende tanto, de los meritos o de la suerte; depende más de una habilidad que permite la fortuna, y es necesaria, de la ciudadanía, o bien de los nobles. Nos dice además que en toda ciudad se encuentran dos fuerzas contrarias, una en su lucha por el mandato y oprimir a la otra, que no quiere ser oprimida ni mandada. Y de este choque surgen, o principiado, o libertad, o licencia.

Tiene derecho a imponer el principado el pueblo y los nobles según la ocasión que se presente. Y sobre esto nos dice el autor, tiene más dificultad el que llega con la ayuda de los nobles al principado, que los que llegan con el apoyo del pueblo. Afirma que un príncipe no podrá dominar nunca a un pueblo cuando todos sean sus enemigos, porque son mayoría, en cambio a los nobles, como son pocos les será fácil. También el autor nos dice, que debemos servirnos en especial de los que son de buen criterio, porque en la prosperidad nos honraran y en la adversidad no hay que temer, y cuidar que se unan a ti, sin pensar más en sí mismos porque de lo contrario deberás huirles como si se tratara de enemigos declarados. Y de este modo el que llega a príncipe con el pueblo queriéndolo y apoyándolo, debe mantener su simpatía, cosa fácil, pues este lo único que busca es no ser oprimido. El príncipe necesita contar con el cariño del pueblo pues de lo contrario no tiene remedio en la adversidad. Ya que un príncipe valiente que no se acobarda ante la adversidad debe reflejárselo a su pueblo, para que él se sienta orgulloso de haber depositado su confianza en él. Por lo que un príncipe debe hallar la manera de que los ciudadanos siempre y en todo necesiten del estado y de él. Para que siempre le tengan fidelidad y respeto.

Se consideran capaces de poder mantenerse por sí solos, a los que, o por tener muchos hombres o dinero, pueden elevar un ejército que se haga respetar y dar batalla a quien se atreva a atacarlos. Ya que quien tiene bien fuerte su ciudad, y no es odiado por el pueblo. También nos dice que en un momento dado, si el príncipe es sabio no le costara mantener el ánimo de sus seguidores o pueblo. Durante cualquier ataque, siempre y cuando no se carezca de alimentos, ni medios de defensa.

Los principados eclesiásticos son los únicos que tienen estados y no los defienden; ciudadanos, y no los gobiernan. Y a pesar de que los estados están sin protección no le son arrebatados, y los ciudadanos además de carecer de gubernatura, no se preocupan, ni podrían sustraerse a su soberanía. Por eso son los únicos principados seguros y felices.

Para un príncipe debe tener buenos cimientos de su poder porque de lo contrario fracasaría, y estos cimientos indispensables, son las buenas leyes y las buenas tropas; y como dicen, donde hay buenas tropas por fuerza hay buenas leyes. Las tropas con las que un príncipe defiende sus estados son propias, mercenarias, auxiliares o mixtas. Nos dice que los capitanes mercenarios, o son hombres de merito o no los son; pero no se puede confiar en ellos sí lo son porque aspiraran siempre a realizar su propia grandeza, pues con toda la seguridad llevaran al príncipe a su ruina.

En un principado o una republica deben existir sus milicias propias; que, en un principado, el príncipe debe dirigir las milicias en persona y hacer el oficio de capitán; y en la republicas, un ciudadano, si no es apto se le debe cambiar y si lo es, sujetarlo por medio de leyes.

Un príncipe no debe tener otro pensamiento ni preocuparse de cosa alguna fuera del arte de la guerra y de lo que a su disciplina corresponde, pues es lo único que compete a quien ordena. Y su cualidad es tanta que no solo conserva en su puesto a los que nacieron príncipes, sino que también a los de condición modesta. Mientras que por el contrario hay príncipes que han pensado más en la diversión que en las armas. De ahí, la razón principal de la pérdida de un estado, está en el olvido de esta arte la condición para adquirirlo, es ser experto en él.

 

Por esto un príncipe que aparte de otras desgracias no entienda de cosas militares, no puede ser admirado por sus soldados ni confiar en ellos. En relación a ello un príncipe nunca debe abandonar el arte militar, y durante los tiempos de tranquilidad, debe ejercitarse mejor que en los de guerra; lo que se puede hacer en dos modos: con la acción y el estudio. Esta es la conducta que debe tener un príncipe prudente: no permanecer nunca pasivo en los tiempos de tranquilidad, sino, hacer conjunto de enseñanzas para basarse en ellas en un momento que lo necesite, y si la fortuna cambia, este bien preparado para hacerle frente a lo que se le presente.

Si un hombre, que en todos lados quiera hacer meritos de buena persona, no puede evitar perderse entre tantos que no lo son. Por lo que se hace necesario, que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno, y a ensayarlo o no de acuerdo con la necesidad. Dejando pues, a un lado las fantasías y preocupándonos solo en las cosas existentes. En particular los príncipes son juzgados por algunas de esas virtudes. Uno es llamado despilfarrador, otro tacaño; uno traidor, otro leal; uno afeminado, otro decidido y animoso, uno humano, otro soberbio etc. Como es imposible que un príncipe tuviera lo que es considerado bueno, le conviene al príncipe ser tan cuerdo que sepa evadir la pena de aquellas que le significarían la pérdida del estado.

Cuando un príncipe quiere conseguir fama de generoso ante los hombres, y suele suceder que un príncipe acostumbrado a proceder así se gastara en sus obras todas sus riquezas, y se verá obligado a imponer excesivos tributos, a ser riguroso en el cobro y lo que se tenga que hacer para tener dinero. Lo cual causara el desprecio de sus ciudadanos; ya que nadie lo estimara, ya que será pobre. Por eso nos dice que es mejor que el príncipe sea considerado tacaño y solo así podrá realizar algo de provecho y no fracasar.

 

Todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes, y no por crueles. Por lo tanto un príncipe no debe inquietarse por que lo llamen cruel, siempre y cuando esto sirva para mantener unidos y fieles a los ciudadanos. Porque con pocos castigos fuertes será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar, los relajos, matanzas y saques que perjudiquen a su pueblo, mientras que las medidas extremas impuestas por el príncipe solo van en contra de uno. Y sobre todo un príncipe nuevo, no debe de evitar los actos de crueldad. De esto surge una cuestión, si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser las 2 cosas a la vez. Pero como siempre va a faltar una, declara el autor  que es mejor ser temido que amado. Y se dice que un príncipe cautelosos debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno, pero como se ha dicho tratando de evitar el oído, para su bienestar.

Para las personas, el que un príncipe cumpla con su palabra dada, es digno de alabanza, y dice el autor que hay dos maneras de combatir: una con leyes; otra con fuerza. La primera es distintiva del hombre, la segunda de la bestia.

Ya que el príncipe se obliga a comportarse como bestia, conviene que se transforme en león y en zorro. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos y no la observarían contigo tampoco tú debes observarla con ellos. No es preciso que un príncipe tenga todas las cualidades que se deseen, pero es indispensable que aparente poseerlas.

El príncipe debe huir de todo lo que haga, odioso o despreciable; y una vez hecho no tendrá nada que temer de los otros vicios. Hace odioso como ya se ha mencionado, el adueñarse de bienes o de las mujeres de los ciudadanos. Porque la mayoría de los hombres; mientras no se ven privados de sus bienes y de su honor, viven muy felices; y el príncipe queda libre para combatir la ambición de los más tranquilos que puede cortar fácilmente de mil maneras distintas. Y lo que hace despreciable a un príncipe, es ser considerado, frívolo, voluble, afeminado e irresoluto, defectos de los cuales debe mantenerse muy alejado. Y un príncipe debe tener dos cosas: En el interior que se le revelen los ciudadanos; en el exterior que lo ataquen las potencias extranjeras.

Los príncipes deben encomendar a los demás las tareas graves y reservarse las agradables. Y diremos que un príncipe debe estimar a los nobles, pero sin hacerse odiar por el pueblo. Cuando el príncipe no puede evitar ser odiado por una de las partes, debe acercarse hacia el grupo numeroso; y cuando no es posible; hacia el más fuerte.

Las fortalezas pueden ser útiles o no según los casos; pues si en algunas veces favorecen en otras perjudican. El príncipe que teme más al pueblo que a los extraños debe construir fortalezas; pero el que teme más a los extranjeros que al pueblo debe pasarse sin ellas. En conclusión no hay mejor fortaleza que él no ser odiado por el pueblo; porque si el pueblo aborrece al príncipe no lo salvara ninguna fortaleza. El autor considerando estas cosas, dice que elogiara tanto a quien construye fortalezas como a quien no lo haga pero dice, censurare a todo el que, confiando en las fortalezas tenga un poco  el ser odiado o despreciado por el pueblo.

Se estima al príncipe capaz de ser amigo o enemigo franco, es decir, al que sin temores se declara abiertamente a favor de uno y en contra de otro. El abrazar a un partido siempre es más conveniente que permanecer neutral. Los príncipes y resolutos, para esquivar los peligros siguen mas el camino de la neutralidad, y las mas de las veces fracasan.

También el autor advierte que un príncipe nunca debe aliarse con otro más poderoso para atacar a terceros, si no, de acuerdo con lo dicho, cuando las circunstancias lo obligan, porque si lo hiciera queda en su poder y los príncipes deben de evitar no quedar a disposición de otros. El príncipe también se mostrara amante de la virtud y honrara a los que distingan en las artes. Así mismo, dará seguridad a las personas para que puedan dedicarse tranquilamente por ejemplo a sus profesiones, al comercio, a la agricultura y a cualquier otra autoridad.

La primera opinión que se tiene de un príncipe, se funda en los hombres que lo rodean: si son capaces y fieles, podrá reputárselo por sabio, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son. No podrá considerarse prudente a un príncipe que el primer error lo tuvo en esa elección. No hay otra manera de evitar la adulación, que hacer comprender a los hombres que no afectan ni ofenden al decir la verdad; y resulta que cuando todos pueden decir la verdad faltan al respeto. Por lo tanto un príncipe prudente debe preferir un tercer modo: que consiste en rodearse de los hombres de buen juicio de su estado, únicos a los que dará libertad para decirle la verdad. Y con estos consejeros comportarse de manera que ninguno ignore que será tanto más estimado cuanto más libre se exprese.

El príncipe que confié ciegamente en la fortuna perece en cuanto ella cambia. Pues se ve que los hombres para llegar al fin que se proponen, esto es, a la gloria y las riquezas, proceden en forma distinta: Uno con cautela, otro con ímpetu; uno por la violencia, el otro por la astucia. De aquí resulta dice el autor; que dos que actúan de distinta manera obtienen el mismo resultado; y que de dos que actúan de igual manera uno alcanza su objeto y el otro no. Da esto depende así mismo el éxito. Se concluye entonces que, como la fortuna varia y los hombres se obstinan en proceder de un mismo modo, serán felices mientras vallan de acuerdo con la suerte en felices cuando estén de acuerdo con ella.

Ensayos de Libros: El abogado

By | 21 abril, 2011 | 1 Comentarios

libro el abogado

Aquí esta el ensayo del libro “El abogado” del autor Steve Martini.

INTRODUCCIÓN.

El libro del abogado nos habla de los pasos, que debe seguir un profesionista para su formación en la Abogacía y la importancia del papel que este desempeña. Tomando en cuenta los triunfos y los fracasos a los que se enfrentan en su carrera y su vida cotidiana. Un profesionista que ejerce una carrera no es para ser superior ante los demás, sino para ser un servidor público y defender los derechos de la sociedad. Tomando en cuenta paso a paso desde que comienza su carrera y los obstáculos que se le presentan en el camino, el que aprovecho sus conocimientos adquiridos al momento de ejercer lo hará con mucho amor y cariño hacia su profesión.

BREVES REFLEXIONES SOBRE LOS ORIGENES DEL ABOGADO

La ignorancia, el patrimonio y la injusticia son los valores que le dieron la importancia al abogado. Los orígenes de la profesión son tan antiguos como el mundo por lo tanto nos hace reflexionar sobre la existencia del abogado; como es bien sabido que nosotros formamos un conjunto de la existencia del universo, y de ahí se desprende la importancia del hombre y su raciocinio que lo ha llevado a realizar grandes hazañas.

Los primeros hombres que habitaron la tierra, no necesitaron del derecho, para ellos no hacía falta una norma jurídica que regulara su conducta dado que podían disponer de todo lo que deseaban, pero cuando los hombres se reducían a un grupo más pequeño no dejo de haber diferencias, riñas, combates, y aunque el derecho no existía ya hacía falta su presencia. Es hasta en los tiempos de Alfonso el sabio cuando en España se conocieron los abogados, ya que el mismo justificaba la necesidad de la abogacía.

NOCION CONCEPTUAL DEL ABOGADO

Como ya quedo expuesto el abogado, siempre ha tenido un papel relevante en la sociedad, antes, ahora y en el futuro. El abogado se ha destacado prestando sus servicios indispensables y necesarios, ya que asesora, aconseja, ayuda, defiende, combate y presta su voz para actuar en el nombre de otros y en ocasiones cambia el curso de una nación por su incursión en el área política.

La actuación del abogado como profesionista se finca en la confianza, el respeto, la credibilidad, la honorabilidad y la responsabilidad, ya que el jurisperito debe contar con un sinnúmero de requisitos que son los que precisamente reúnen para definir el perfil del abogado como son: Honestidad, Elocuencia, Estudio, Probabilidad, Lealtad, Sentido de la Crítica, Ejercicio de la Literatura, Moralidad, Lógica, Gallardía, Discreción, Veracidad, Ecuanimidad, Erudición, Sociabilidad, Franqueza y mucho amor a su profesión. Una enorme fe y pasión por la justicia, por el quehacer diario, se fundamentan sus valores que son los principios elementales de la raza.

Por que una persona que no se respeta a sí misma no es capaz de guardar respeto a los demás, por lo tanto no se le puede exigir ninguna otra virtud.

DIVERSAS ACTIVIDADES DE LOS PROFESIONALES DEL DERECHO.

La profesión jurídica tiene un campo extenso y variado, que se realiza en diversos ámbitos en el sector público, en el privado y en el social, lo cual amplia una gama de oportunidades, desde luego estas dependen de la capacidad cognoscitiva de los profesionistas al dedicarse a su ejercicio.

Debe hipotecar para la eternidad su sapiencia a la sociedad, y sus propósitos son su vida diaria y se consagra en su fuerza, sabiduría, sus sentidos, su pasión y la causa más noble y excelsa de la sociedad. El mundo en que vivimos está en onda de crisis y valores, por lo tanto los abogados tienen que asumir, su responsabilidad y profesionalismo para mantener la dignidad humana en alto, y saber que el abogado no debe rendirse ante su lucha y su misión. Y si en alguna ocasión llega a dudar del mismo, que consulte su conciencia y que le pregunte por que escogió esa profesión.

Pues todos sabemos que la voz es mejor arma, que las armas que hieren; un abogado desactualizado es un abogado ignorante, y un abogado que es ignorante jamás triunfará en la vida. Es por eso que uno debe centrarse en la profesión porque si se escogió es porque: le debemos entregar alma, cuerpo y corazón.

ETICA PROFESIONAL DEL ABOGADO

El ser humano desde el principio de su vida, se va dando cuenta de lo bueno y lo malo que existe a su alrededor, de esta manera debe seguir el camino que a él más le convenga ósea el camino correcto.

Pues en sus manos esta su destino o lo que él quiera lograr en su vida, esto se refiere a que cada ser humano tiene esa capacidad de raciocinio de seguir o luchar por lo que uno crea correcto, tomando así el camino que uno desee. Cada una de las personas tenemos los sentidos, con los que podemos desarrollar diferentes tipos de conocimiento.

Como los ojos para observar todo lo que existe a nuestro alrededor, los oídos para escuchar los consejos, ruidos y problemas de la sociedad, las manos para palpar lo bello y cada estructura de las cosas. La boca es un don divino de cada ser humano, ya que con la voz comunicamos cualquier inquietud, podemos denunciar cualquier tipo de injusticias, así que la mejor arma de las personas es la voz. Por la nariz se respiran aromas agradables y desagradables sobre la tierra; el hombre posee un cerebro excelente que se encarga de absorber las ideas que va aprendiendo conforme va avanzando en su vida y así mismo enriquece sus conocimientos.

El profesionista y la sociedad humana deben de compartir conocimientos para que juntos hagan un trabajo excelente, para no permitir que nada nos afecte ya sea cualquier mal: ambición o codicia. Pues cualquiera de estos males son nuestros peores enemigos por los cuales no nos podemos dejar vencer por ningún motivo en nuestra vida.

Algunos individuos comparten la vida con la envidia y se corrompe la nobleza de cada persona, convierten lo bueno en lo malo; cada uno de nosotros esta hecho de carne y hueso, sangre y venas, lo maravilloso esta en nuestros sentimientos y por parte de la naturaleza buscamos nuestros propios conocimientos reflexivos y rescatamos lo que más podemos de nuestros valores. El que elige la profesión de abogado enfoca su preparación a realizar una función pública y no una necesidad pública, en la parte dedicada al estudio y aprehensión al conocimiento elemental, el alumno recibe toda la información jurídica que le es necesaria.

Quienes superan esta etapa con éxito y sin duda hacen a un lado todos los obstáculos y el mejor tributo de un abogado es su moral, ya que de ello depende su triunfo o su fracaso al recibir su titulo promete ejercer su profesión con honestidad bajo el dictado de las normas supremas, la justicia y la moral y empieza la labor cotidiana de su vida y toca el turno de retar a la grandeza y nunca debe de rendirse, ni sentirse inútil ante la derrota, aunque haya fracasos y algunas tempestades, dudas y dificultades eso hace que mida sus actitudes y así alcanzar los triunfos de la vida sean los que sean con empeño y dedicación nada de esto es imposible.

CONCLUSIONES

Este libro nos hace reflexionar ante todo, que el profesionista que ha logrado con solidez su madurez y crecimiento, sabe que ha descubierto sus valores y queda enmarcado dentro del mundo de la ciencia del Derecho y además tiene autorización para ejercer y nos da como resultado un buen abogado. De esta manera evitar que la libertad se convierta en libertinaje y la moral en degradación.

Solo los buenos abogados podrán tomarse buenos ejemplos morales y por insignificante que se cuenta o por poderoso que se parezca deberá apartar la ética de la profesión y no dejarse llevar por la ambición, ni por terceras personas, y tomar en cuenta que es defensor de la justicia humana.