Tratamiento moral, higiene y educación de idiotas
La higiene: es la ciencia que nos enseña a preservarnos de las enfermedades y a regularizar el ejercicio de nuestras funciones, es útil a todo el mundo y por tanto debemos aplicar estrictamente a sus reglas y en mayor grado, en aquellos desheredados de las facultades intelectuales.
En una ciencia toda observación que todavía está por hacer los hechos no son tan numerosos como para elaborar principios irrevocables.
Acerca de la edad
Aunque se ha atribuido a la edad, una influencia absurda sobre el estado de la idiocia, no es razón tampoco para olvidar las condiciones en que se encuentran los idiotas por causa de su edad. Decir como se ha dicho a los padres del niño idiota, que su niño caminará, hablará, leerá y escribirá a los 5 o 7, 15 u 18 años es propio de charlatanes que sustituyen la previsión por la fatalidad y la lógica por el absurdo. La edad en un hecho importante a considerar en el idiota: según es más niño, más tiempo tendremos de modificar su estado y de ese modo según pasa el tiempo tendremos más oportunidades de desarrollo posible.
La primera infancia
Desde el primer momento después del nacimiento, el niño ordinario comienza a ver, sostener su cabeza, comprender, entender y elevar sus pequeños brazos y en fin podrá apretar con fuerza un objeto de volumen y peso relativos al tamaño de su mano.
Hacia el doceavo mes el niño todavía no ha ensayado la marcha, ni emitido sonidos. La osificación de los huesos del cráneo y de la espina es lenta, los miembros son delgados, débiles y laxos, el abdomen duro, el apetito irregular, la salivación abundante y continúa, aparecen cólicos y diarrea o disentería son frecuentes: las convulsiones pueden presentarse. Las convulsiones no siempre se presentan en los primeros periodos de vida y no hay que confundirlas con los movimientos espasmódicos de los brazos o del rostro tan frecuentes en el recién nacido. A estas convulsiones deberemos oponer un buen régimen ausente de drogas. Con ejercicios, distracciones variadas y placenteras, aire puro, calor y movimiento.
También es un penoso error creer que no se necesita hacer nada y que las convulsiones cesarán por sí mismas y el niño se desarrollará con normalidad más tarde, etc. Cuando un niño ha llegado al final de su primer año, sin dar señales de inteligencia y de la actividad de una madre espera con apasionada inquietud no se le debe ver como un idiota.
Realizaremos los ejercicios de lenguaje en un lugar oscuro y silencioso los llevaremos a cabo en la mañana y en la tarde, antes y después del sueño del niño de manera que los sentidos que deseamos estimular no sean distraídos por la actividad diurna de los demás sentidos.
A fin de estimular los movimientos lo haremos ejecutar imitaciones por orden, por incitación, por necesidad o sustituyendo su voluntad por la nuestra, repito, lo haremos ejecutar movimientos de la mano y de todas las articulaciones de todos los músculos motores, tal como pudiera hacerlos el mismo, si tuviera inteligencia, aptitud ó imitación.
Los sentimientos de afecto equidad, autoridad deber, no aparecen sino son cultivados; los instintos se empiezan a manifestar en el niño por el acaparamiento y la destrucción de las cosas, la violencia o la tortura naturales de él; la cólera y las artimañas más disimiles se dan curso.
A los dos años nuevas formas de retardo y nuevos procedimientos de emplear. A los 3, 4 ó 5, otros diferentes aíslan al niño de sus compañeros y reclaman nuevos métodos de alimentar su actividad languideciente ó desviada. A esta edad sobre todo si el niño ha tenido y todavía tiene convulsiones nos guardaremos bien de darle una educación pretendidamente intelectual se pone de sobre excitar sus masas nerviosas del encéfalo y provocar los desgraciados síntomas. A ésta edad es más urgente considerar al idiota dentro de las pautas que la higiene especial prescribe para el niño: comienza su educación fisiológica, regularizan sus funciones, crear hábitos y actitudes y acercándolos a los usos y costumbres de una vida común.
De la segunda infancia
Esta edad comienza a los siete años en los niños ordinarios, su signo precursor es la caída de los dientes. En los idiotas, la dentición es menos regular que en la primera. Muchos conservan el tejido celular graso de la primera infancia.
El aparato digestivo y circulatorio se enriquece en la época de los saltos, carreras, paseos y juegos sin descanso, es la época del apetito voraz.
De los 12 a los 18 meses, el niño ya se ha erguido sobre sus piernitas he intentado la marcha; ve y reconoce a las personas y objetos que le rodean y que le sirven; localiza los objetos que desea usar y establece con ellos relaciones a veces exactas y a veces erróneas; su curiosidad y deseo de investigación, son extremos.
La educación de las funciones, debe darse como primera y principal para que sea base de una educación intelectual. El régimen que necesita este segundo periodo de la infancia, debe diferir del aplicado al primer periodo:
- Será más fortificante.
- La educación fisiológica ocupará mayor tiempo.
- Podrá iniciarse la educación intelectual, se realizará de modos, más sensibles y más fácilmente perceptibles para los idiotas.
La adolescencia y la pubertad
Entendemos como adolescencia una frontera variable. La adolescencia que supone una especie de maduración de la infancia, dura algunos años para los muchachos y un poco menos para las muchachas.
Esta época particularmente ha sido considerada como la más favorable para la incubación de las lecciones de los pedagogos.
En esta época la idiocia se confirma en todos sus caracteres. El aspecto de los sujetos de esta edad, varía, unos inspiran piedad, otros disgusto, aquellos piden un poco de afecto y cuidados. Se muestran astutos lejanos, exigentes y coléricos, según lo desee; alejan de sí el pudor y recelan de la virtud.
La virilidad del idiota
No hay virilidad para el idiota, la virilidad y la fuerza, le son extrañas. La fuerza, raro atributo de algunos no es consciente y no les sirve en los momentos de violencia, en los cuales lo que hacen es agitarse o huir.
Pronóstico a deducir sobre las edades de la idiocia
La higiene de los idiotas deberá variar de acuerdo a su edad, al igual que a su temperamento o según la fase de tratamiento moral y educativo.
La alimentación, el vestido y la ventilación serán dadas en relación con la naturaleza del trabajo, a que el niño está sometido. En el primer año nos guardaremos de causar, ejercicios largos y violentos. En la segunda infancia, evitaremos los alimentos excitantes en la juventud. En suma, según el idiota es más niño. Es necesario que la higiene varíe con la edad de cada sujeto y de éste modo la higiene y la educación, será más completa. En la primera infancia juego, juego y movimientos libres, fáciles y voluntarios; en la segunda infancia, nociones precisas y conocimientos positivos; a mayor edad deducciones lógicas y aplicaciones reales y positivas, de conocimientos adquiridos con anterioridad.
Los hábitos
El hábito es una segunda naturaleza, el idiota también está formado por la naturaleza y es el resultado de los hábitos, hábitos de tics nerviosos, de inercia de inatención de gritos de groserías hábitos vergonzosos, repetición continúa de los mismos actos.
Particularidades de la idiocia
Desórdenes del gusto por materias repugnantes, aspiración violenta de olores fétidos o amoniacales, deseos de golpear o morder, exceso de sensibilidad musical, vértigos, confusión de olores acromatopsia, etc. Son algunas de las etapas del sistema nervioso a que están sujetos los idiotas.
No todas estas particularidades afectan al idiota produciendo incapacidad. Algunas se manifiestan sobre formas incomprensibles extrañas e inexplicables, a menos hasta el punto que son actualmente conocidas.
Estas particularidades deben ser combatidas enérgicamente y transformadas en provechosas, para el desarrollo fisiológico y una educación funcional. Así las emisiones de líquidos, las hemorragias, por ejemplo, no requieren de tanta dedicación para ser transformadas en su curso.
Herencia
La herencia tiene una influencia importante sobre el organismo, por lo que es patente tener predisposiciones mórbidas, tales como el raquitismo, la escrófula, la tisis, sarna, manías. Pero esto no significa que sea forzoso que un idiota genere un hijo idiota.
Se pretendía que a través del escrito redactado se conociera como deben de estar construidos, situados, distribuidos e iluminados, los asilos destinados a recibir idiotas.
Para la estancia de idiotas en esta institución es importante que permanezcan en la habitación donde duermen o convenciendo tener un horizonte basto, la cantidad de aire indispensable, como por la cantidad de espacio necesario para sus evoluciones.
Los idiotas están condenados, por lo estrecho del lugar, esclavos del confort, privados del aire y la luz. Por eso es necesario poner árboles, frutas, flores, legumbres, un jardín con agua, animales, bosque y montañas alrededores del alumno, así la institución debe de estar construido en lugar elevado, orientado al sur, evitando la proximidad a las ciudades.
Era importante que los idiotas palparan la vida primitiva que sintieran surgir entre ellos la naturaleza, crecer y reproducirse y manipularan las diversas materias que habrían de transformar, para satisfacer sus necesidades. La situación de la residencia importaba tanto para su educación como para su higiene. Por eso se tenía que ocupar a todas estas personas en trabajos de cultivo, del cuidado del ganado y de los animales domésticos, en la transformación de la materia prima, en planificación de pan, vino, cerveza y todas clases de alimentos.
Para los idiotas serían necesarias construcciones especiales todas abiertas al sur, de esta forma las ventanas cubrirán todo el largo de los muros de los talleres y salas de estudio y a partir de dos metros del suelo.
Los dormitorios no dispondrían de ser grandes, deberán ser inmensos y no serán comunes para todo tipo de individuos. El gimnasio y las salas destinados a trabajos manuales o físicos. El comedor será común, pero se tendrá la preocupación de hacer tomar sus alimentos. Los baños, los lavabos y el gimnasio, requieren de cuidados especiales tanto por la seguridad, como por robado o por la salud de los niños. Con todo esto se podrían hacer seres útiles a la sociedad.